El sistema

Escucho en la radio española que un hombre irá a la cárcel por no poder pagar 1.200 euros. Una mujer embarazada de 8 meses dará a su hijo en adopción porque ni ella ni su pareja se lo pueden permitir. Otro hombre, de 41 años, que cuida a su madre con Alzheimer, pide en su barrio, casa por casa, algo para comer: una patata, unos garbanzos, aceite… hacia el 15 de cada mes se queda sin dinero para hacer la compra.

Pagar la luz, el agua, el teléfono. Pagar la luz, el agua y el teléfono nunca había sido una variable más a tener en cuenta para llegar a fin de mes.

El sistema que tenemos no funciona.

Cuando era adolescente, mis padres me llevaron a un colegio religioso. Colegio cuyos valores no compartía. Los profesores más altos en la jerarquía eran aquellos con los que solía estar más en desacuerdo. Esto me reafirmaba mi desavenencia con el sistema.

Mi estrategia era pasar desapercibido y huir hacia adelante. Sin embargo, recuerdo a un compañero que llevaba camisas hawaianas, varios pendientes, tatuajes y rastas entonces me preguntaba por qué, ahora no tanto. En casi todas las clases de religión levantaba la mano para hacer preguntas, educadamente y siguiendo razonamientos ciertamente lógicos, que incomodaban profundamente al cura de turno. ¡Ay, si tan sólo hubieran sabido aquellos curas que la clase de religión puede darse hoy en día desde una pantalla de televisión!

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